Imagina que eres el conductor de un autobús. Tienes un destino que te importa: retomar los estudios, volver a quedar con tus amigos o hablar con tu hermano después de una discusión. Mientras conduces van subiendo pasajeros. Algunos son pensamientos: «no vas a poder», «te van a juzgar». Otros son emociones y sensaciones: el nudo en el estómago, el miedo, el cansancio.
Los pasajeros son ruidosos y amenazantes. Dicen que, si no haces lo que ellos quieren, te harán la vida imposible. Tienes dos opciones. Puedes parar el autobús, discutir con ellos, intentar echarlos o negociar. Pero mientras discutes el autobús no avanza, y ellos siguen ahí. O puedes seguir conduciendo con ellos a bordo, aunque griten.
Esta metáfora procede de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), desarrollada por Steven Hayes y colaboradores. No dice que los pasajeros vayan a desaparecer, ni que debas hacerles caso. Dice que su presencia no te impide conducir. Lo que cambia es tu relación con ellos: dejas de obedecerles o de pelear con ellos y empiezas a llevarlos contigo.
Un ejemplo de la vida diaria
Lucía quiere apuntarse a clases de baile. Cuando se acerca a la academia suben los pasajeros: «harás el ridículo», «todos bailan mejor que tú». Antes esperaba a que se marcharan para entrar, y nunca se marchaban. Ahora los nota, se dice «ya os oigo» y entra de todos modos.
Personaje ficticio.
Este artículo es informativo y no sustituye a una evaluación ni a un tratamiento psicológico.
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