Siéntate, real o imaginariamente, junto a un río de corriente tranquila. En el agua flotan hojas que pasan despacio. Durante unos minutos, cada vez que aparezca un pensamiento, colócalo sobre una hoja y mira cómo la corriente se lo lleva. Sirve cualquier pensamiento: una preocupación, una crítica, un recuerdo, un «esto no sirve para nada».
No hace falta que el pensamiento sea agradable ni que se vaya rápido. Tampoco que dejes la mente en blanco, porque no es posible ni necesario. De vez en cuando te darás cuenta de que te has ido detrás de un pensamiento, como si te hubieras subido a la hoja. Es normal. Nota que te has ido, y vuelve a la orilla.
Este tipo de ejercicio se llama defusión cognitiva. Se trata de cambiar la relación con el pensamiento: pasar de «esto es verdad y tengo que obedecerlo» a «estoy teniendo el pensamiento de que…». El contenido puede seguir ahí, pero deja de dirigir lo que haces.
Un ejemplo de la vida diaria
Irene se despierta de madrugada con la idea de que va a fallar en el trabajo. Antes se ponía a repasarlo durante horas. Ahora se dice «estoy teniendo el pensamiento de que voy a fallar», lo coloca en una hoja, la ve pasar y se vuelve a dormir sin haber ganado ni perdido ninguna discusión.
Personaje ficticio.
Este artículo es informativo y no sustituye a una evaluación ni a un tratamiento psicológico.
¿Te gustaría hablarlo con alguien?
Te orientamos en una llamada gratuita de unos 20 minutos, sin compromiso.